Generación distribuida en Brasil

La generación distribuida se presenta como una importante palanca social para las comunidades pobres o desheredadas de la energía en diferentes partes de Brasil, un país de 212 millones de habitantes de los que 23,7 millones viven en pobreza.

 

“Sertão (territorio agreste) solidário” es como bautizó a su proyecto Walter Abreu, director de la Asociación Brasileña de Generación Distribuida (ABGD) del estado de Minas Gerais. La iniciativa fomenta la energía solar en un lugar donde viven 2,7 millones de personas de las cuales 1,5 millones se encuentran en la pobreza y la pobreza extrema.

La expansión descentralizada por medio de fuentes energéticas renovables (o generación distribuida) sigue una tendencia general de transición en varios sectores y dimensiones, como la descarbonización por exigencias climáticas, la quiebra de monopolios y el empoderamiento del consumidor, convertido en “prosumidor”, productor y consumidor a la vez.

En ese proceso tiene protagonismo la energía solar, “la que más crece y más empleos genera”, destacó Carlos Evangelista, presidente de la ABGD desde São Paulo.

Los sistemas aislados en las numerosas comunidades amazónicas alejadas de las redes de distribución eléctrica producen quizás los efectos más sobresalientes. Sirven para bombear el agua y disponer de refrigeradores para conservar el pescado, principal fuente de proteína, otros alimentos y productos forestales exportables, como el azaí, el fruto de una palmera de igual nombre.

En general los pueblos y caseríos dispersos cuentan con generadores a diesel o gasolina, que solo operan algunas horas en la noche, ante el elevado costo del combustible y su escasez. Su transporte se hace por embarcaciones fluviales en viajes de muchos días.

Divina luz

La pandemia de covid-19 provocó una interrupción en las actividades del proyecto de dos años, pero la nueva directora de Sustentabilidad y Acciones Sociales de ABGD, Lucia Abadia, anunció para un futuro próximo el proyecto “Divina luz”, más amplio y con 150 microcentrales comunitarios.

El gobierno recapacitó sobre la exclusión energética en que viven numerosas comunidades amazónicas. En febrero lanzó el programa “Más luz para la Amazonia”, pero con meta limitada de llevar energía solar a 70.000 familias, que englobarían más de 300.000 personas.

Pero la generación eléctrica descentralizada como factor de desarrollo social y económico local también preocupa el Nordeste, otra región pobre de Brasil.

“El Nordeste concentra 65% de la potencia instalada de energía solar centralizada, pero solo 18% en generación distribuida”, lamentó Daniel Lima, presidente de la Asociación Nordestina de Energía Solar (Anesolar), recién fundada en agosto, y director de la empresa del sector RDSol.

“El estado de Minas Gerais instaló una potencia en generación distribuida solar mayor que la de los nueve estados del Nordeste”, comparó.

La diferencia es la exención de impuestos que ofrece Minas Gerais desde hace cinco años, una iniciativa solo seguida por el estado de Río de Janeiro, en julio de este año. Ese es un reclamo que hará la Anesolar a los gobiernos nordestinos.

La generación centralizada, en general en “haciendas solares”, creció mucho por el bajo precio de la tierra en el Nordeste, en comparación con otras regiones, explicó Lima. La dificultad de financiación a los consumidores es otra barrera a que se vuelvan “prosumidores”.

El gran estímulo a los prosumidores es el alza “insustentable” del precio de la electricidad, que hace más de una década sube más que la inflación, producto de subsidios a varios sectores y actividades cargados al consumidor de energía, sostuvo el economista Lima.

La generación distribuida es todavía minúscula en Brasil, pero crece aceleradamente. Se duplicó de uno a dos gigavatios (GW) entre junio y diciembre de 2019 y alcanzó a tres GW en mayo de 2020, según la Empresa de Investigación Energética, un órgano de planificación dependiente del Ministerio de Minería y Energía. (Fuente: IPS)

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